Un hombre pregunta

¿ Dóde está Dios? Se ve o no se ve.
Si te tienen que decir dónde está Dios, Dios se marcha.

De nada vale que te diga que vive en tu garganta.
Que Dios está en las flores y en los granos,
en los pájaros y en las llagas,
en lo feo, en lo triste, en el aire, en el agua.
Dios está en el mar y a veces en el templo,
Dios está en el dolor que queda y en el viejo que pasa,
en la madre que pare y en la garrapata,
en la mujer pública y en la torre de la mezquita blanca.
Dios está en la mina y en la plaza,
es verdad que está en todas partes, pero hay que verlo,
sin preguntar que dónde está como si fuera mineral o planta.
Quédate en silencio,
mírate la cara,
el misterio de que veas y sientas, ¿no basta?
Pasó un niño cantando,
tú lo amas,
ahí está Dios.
Lo tienes en la lengua cuando cantas,
en la voz cuando blasfemas,
y cuando preguntas dónde está:
esa curiosidad es Dios, que camina por tu sangre amarga,
en los ojos lo tienes cuando ríes,
en las venas cuando amas
ahí está Dios en ti,
pero tienes que verlo tú,
de nada vale quien te lo señale,
quien te diga que está en la ermita, de nada,
has de sentirlo tú
trepando, arañando, limpiando las paredes de tu casa:
de nada vale que te diga que está en manos de todo el que trabaja,
que se va de las manos del guerrero,
aunque este comulgue o practique cualquier religión, dogma o rama;
huye de las manos del que reza y no ama,
del que va a misa y no enciende a los pobres velas de esperanza,
en el hospital, y en la casa enrejada.
Dios está en eso tan sin nombre
que te sucede cuando algo te encanta;
pero de nada vale que te diga que Dios está en cada ser que pasa.>Si te angustia este hombre que se compra alpargatas,
si te inquieta la vida del que sube y no baja,
si te olvidas de ti y de aquellos, y te empeñas en nada,
si sin porqué una angustia se te enquista en la entraña,
si amaneces un día silbando a la mañana
y si sonríes a todos y a todos das gracias,
Dios está en ti, debajo mismo de tu corbata.

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